TOP

Lichis sobre La Cabra Mecánica: “Tenemos ganas de mear fuera de tiesto una última vez”

La Cabra Mecánica vuelve a la carga con el que será su último álbum de estudio y una gira que pasa por el Viñarock

 

CLARA GODALL

«Perdóname, se me fue el santo al cielo, estábamos ensayando y no me di cuenta de la hora». La voz de Miguel Ángel Hernando (Lichis) llega con una calidez y una familiaridad que desarman. El arranque de la entrevista retrata bien su presente: absorto en la música, se vuelve inmune al tiempo en el local de ensayo.

«Me apasiona lo que estamos haciendo con Due Country Cavalieri. Ahora con Demonio Ye-Yé, me he animado con la batería. Y en el regreso de La Cabra soy guitarrista eléctrico. Me gusta hacer cosas que me motiven y que me marquen cada etapa».

Quince años después de disolver su proyecto más icónico, recuerda aquel 1994 cuando La Cabra Mecánica aparecía como una mutación anómala en un ecosistema musical español muy distinto al de hoy. Lichis engendró un mestizaje precursor que no fue acogido como años más tarde lo sería la mezcla de géneros musicales. Era demasiado rumbero para el pop convencional, demasiado literario para el rock de estadios y demasiado ácido para el mercado de cantautores solemnes.

«Siempre he sido libre con La Cabra, y lo he pagado. La libertad tiene un precio muy alto… a mí nadie me dijo qué hacer y, cuando lo intentaron, dije adiós»

Antes de que el éxito le diera la razón, tuvo que lidiar con la censura de sus letras explícitas, radiofórmulas que le daban la espalda y la guerra contra una piratería musical en auge. Si bien tuvo grandes pelotazos como la famosísima “Lista de la Compra” junto a María Jiménez, Lichis recuerda que sus canciones apenas se pinchaban y el grupo nunca fue un producto de radiofórmula. Aun así, sin un boom comercial orquestado, La Cabra Mecánica se convirtió en un éxito popular masivo. «Con La Cabra no pretendíamos nada. No sabíamos si lo que hacíamos iba a ser moderno o recordado. Simplemente hacíamos».

Pero en pleno apogeo, Lichis quiso parar. Lo que pareció un suicidio comercial fue, en realidad, un acto de supervivencia: «Las luces de este oficio son tan largas como las sombras. Cuanto mayor es la luz, mayor es la sombra». Sintió que el éxito había devorado su identidad hasta convertirlo en un personaje que ya no sabía habitar. «Siempre he sido libre con La Cabra, y lo he pagado. La libertad tiene un precio muy alto… a mí nadie me dijo qué hacer y, cuando lo intentaron, dije adiós».

El portazo dio paso a una travesía por carretera nacional como músico en solitario, explorando las raíces del rock americano y reconectando consigo mismo para despojarse de las etiquetas y exigencias de la industria. Fueron años de equilibrar engranajes y de reconfigurar su comprensión del éxito: «La felicidad suele ser una imposición del consumo, lo único real es la paz. La paz no es neoliberal porque no te invita a exprimirte», reflexiona hoy.

Fue desde esta nueva piel desde donde decidió, en 2022, revivir La Cabra Mecánica. El grupo ahora encara su recta final: tras el reciente rescate arqueológico de Canciones y Maquetas (1993-1997), prepara para finales de 2026 su octavo y último disco de estudio. Una muerte anunciada – ahora sí – que Lichis capitanea reencontrándose con su esencia original para asegurar que el legado del grupo termine bajo sus propios términos.

Como gesto de esta búsqueda de soberanía artística, la publicación de Canciones y Maquetas (1993-1997) supone el ajuste de cuentas con el sonido del primer elepé. «Teníamos el sonido del primer disco clavado como una espina», confiesa. Recuperar aquellas grabaciones ha permitido devolverles a las canciones su aspereza original. Entre ellas brilla la inédita “En el sur de tu cuerpo”, cuyos versos regaló a Fito Cabrales en forma de rap para la icónica “La casa por el tejado”. «Fito me llamó para participar en su álbum, y jugando con ideas se me ocurrió meter un cachito de una canción no publicada». Pocos identifican su voz en esos versos que ya son historia de la música española. «”En el sur de tu cuerpo” no es de mis mejores piezas, pero sí de las primeres. Ahora la miro con la perspectiva de los años y el cariño de lo que tuvo su razón de ser».

El regreso del grupo viste hoy un Lichis sereno, que siente el subirse al escenario con La Cabra Mecánica como reencontrarse con un viejo amigo. Lo hace revisando su propio inventario sin concesiones. «Las canciones son como las fotos que guarda tu madre: las enseña a todo el mundo y, avergonzado, tú te das cuenta de que llevabas un peinado que no te quedaba bien». Armado ahora con la guitarra, improvisa melodías, fulmina bromas que cree mal envejecidas y cambia letras para reajustar algunos mensajes ante un público intergeneracional. «Si uno es la misma persona que hace un cuarto de siglo, es que no ha aprendido nada».

Esa misma voluntad de revisión de principios y honestidad brutal es la que aplicó en la polémica del Viña Rock 2026. Mientras la desbandada de grupos convertía el cartel en un campo de batalla ético por los vínculos del festival con el fondo KKR, Lichis decidió quedarse. Explica su postura desde la zona gris de la colisión moral con el trabajo del espectáculo. Vislumbra el sistema lleno de contradicciones, desde la procedencia de sus guitarras a la propiedad de las redes sociales que usa, y entiende la coherencia absoluta como un sinfondo. «Si se intentara fiscalizar la consecuencia de cada acto, no habría final».

Su límite moral lo marca en el mensaje: «Yo voy a ir allí a trabajar. Si la organización del Viña Rock no pone ningún problema porque sabe y le consta —porque así lo digo yo también— que lo que ocurre en Palestina es un absoluto genocidio execrable, pues no tengo ningún problema». Para Lichis, el escenario es un puesto de trabajo y no un tribunal de santidad, por eso reivindica el activismo desde las urnas y no abocando el peso ético en los músicos. Bajo su visión de la música como un gremio, la prioridad es la libertad de discurso. Se niega a ser el cartel electoral de nadie: «Los mensajes políticos los lanzo yo. Punto». Prefiere quedarse en el cartel y que sea su palabra, bajo su control absoluto, la que agite las conciencias.

Esta es también la filosofía de su último gran golpe. Tal como está el mundo, Lichis dice sentir la necesidad biológica de agitar el avispero. El nuevo disco de La Cabra Mecánica recuperará el humor ácido y cabroncete de los inicios, lejos del barniz amable que haya podido quedar en el imaginario colectivo. «Queremos algo que haga ruido, que toque las narices y el corazón. Que nos corran a porrazos desde Génova hasta Ferraz… de Podemos a VOX. Tocar las narices al máximo número posible de gente. Eso es lo que deseamos».

Musicalmente, define el álbum como un laberinto creativo donde la canción manda sobre el género. Podría ser su álbum más “Blanco” (haciendo alusión a sus admirados Beatles) donde conviven la rumba de asfalto, el pop independiente y la autoparodia de La Cabra Mecánica. «La música, la letra y el arreglo son todo uno. Si una idea requiere un estilo u otro, así lo haré», explica. No se siente obligado a calcar fórmulas de éxito pasadas por ser una vía más segura. «Si escribes pensando en la repercusión, no vas a conseguir nada», sentencia.

A pesar de tener ya canciones salidas del horno, el proyecto se cocina con lentitud. Debido a cambios personales, Lichis no dispone actualmente de su propio estudio, por lo que el disco avanza gracias a prestaciones de amigos y compañeros de profesión. Este retraso es la prueba final de su autonomía: ya no sirve a la urgencia de nadie más que a la de su propia obra.

Sin embargo, Lichis admite que la resiliencia le empieza a escasear tras décadas dejándose la piel en un trabajo de guerrilla. Su anhelo de paz supera al del éxito y teje un plan de retirada para su jubilación en 2030, hacia una vida espartana y serena antes de que la rueda decida por él.

«Siempre haré música, porque si no me muero, pero quiero hacerlo fuera de la trinchera». Se alejará del foco, prefiriendo el asfalto rugoso y la capacidad de reconocerse en el espejo. «En algunas ocasiones me habré equivocado, pero no tengo nada que ganar ni que perder. No tengo un yate, ni un chalé en las Rozas, pero soy libre. La libertad es mi vicio más caro».