Santero y Los Muchachos: rebuscando en el frasco de las esencias
La banda valenciana lanza Todas las luces, su cuarto álbum de estudio. Un viraje hacia nuevos territorios sonoros con aromas del pasado
ÁLEX FRAILE
El ambiente en la Peña Atlética de Legazpi es de tensa calma. Los clientes comentan los pormenores de la esperada final de Copa del Rey mientras dejan pasar el tiempo y apuran los últimos sorbos de Mahou. Es hora de cruzar la acera, pagar el pincho de tortilla y desafiar la canícula estival que ha desembarcado por sorpresa este jueves de mediados de abril.
Miramos la hora, temerosos de llegar antes de lo previsto, y entramos en el Costello Market. Un lugar de encuentro con tradición rockera, en pleno corazón de Arganzuela. Al instante identificamos al personal de la Trinchera y a los tres valientes que con amabilidad han aceptado nuestra invitación para hablar sin apenas acabar de hacer la digestión de Todas las luces (Actúa Music Entertainment, 2026), el cuarto álbum de estudio de Santero y Los Muchachos.
La banda valenciana liderada por Miguel Ángel Escrivá, Josemán Escrivá y Soni Artal anda por Madrid de promoción. “A pesar de ser la tercera entrevista del día, estamos desentrenados, aunque vamos viendo los puntos en común y que las respuestas convergen en una sola”, señala de primeras Miguel Ángel.
El combo valenciano lleva años fiel a sus principios, creciendo de manera orgánica, con honestidad y abanderando un sonido definido por ellos mismo como “rock reposado” que más que un género determina una actitud: huir de la estridencia para acercarse a la melodía; a la palabra precisa y a unas armonías vocales que evocan los clásicos sin perder la contemporaneidad. No rehúyen de etiquetas, al contrario. “En el fondo es como en el barrio, mejor ponerse un mote antes de que te lo pongan otros” señala Soni con desparpajo. “Nuestra fuerza, nuestro rock radica más en los sentimientos que en los decibelios”, complementa convencido Miguel Ángel.
Este trabajo representa una búsqueda y surge de la necesidad de encontrar nuevos estímulos, de mirar hacia dentro y dejarse guiar por esos destellos – creativos y personales – que iluminan incluso en los momentos más inciertos. Cierto que más que un cambio radical supone un viraje hacia otros sonidos, otras atmósferas que centellean y respiran.
“Nuestra fuerza, nuestro rock radica más en los sentimientos que en los decibelios”
“Más que buscar nos hemos dado el gusto de rebuscar en aquello que ya conocíamos. Sobre todo, el cambio surge a nivel sonoro ya que somos bastante eclécticos. Hemos encontrado nuevas texturas y aprendido a quitar elementos que nos llevaban, entre comillas, a lo de siempre”, resume Josemán con la solvencia de aquél que cree con firmeza en su obra.
En Todas las luces las canciones ya no evocan al desierto sino a la emoción y a la tranquilidad de la noche. Surgen nuevos silencios, elementos electrónicos, recuperan el reverb y late una pulsión por el riesgo, por sentirse más incómodos, alejados de la zona de confort.
“Los temas siguen naciendo de guitarras de cuerdas de nailon, pero hemos vuelto a beber de fuentes, de otros frascos que por lo que sea teníamos cerrados. Por ejemplo, nos inspiró mucho Cake a la hora de empezar a producir” indica Soni. “´Nada´, la primera canción que compusimos y que abre el disco, la compusimos escuchando juntos el Pyramid de The Alan Parsons Project. Un disco que nos ponía de pequeño nuestro padre en el coche y nos hacía viajar con apenas 9 y 11 años”, señala Josemán con pasión.
“Es un tema que no hubiese tenido cabida en otros discos, pero este álbum es como esa chaqueta antigua que nunca pensabas que te ibas a poner, pero de repente te das cuenta, hostia, que te queda bien y te mola”, puntualiza Miguel Ángel con sencillez.
Todas las luces respira con naturalidad, transitando por paisajes desconocidos, por el brillo de la noche y representa una apuesta hacia nuevos horizontes sonoros. “Personalmente lo veo como el estímulo para del siguiente, aunque esto no quiere decir que Santero vaya a ser algo distinto a lo que ha venido siendo” señala Josemán al tiempo que su hermano Miguel Ángel va por la misma línea. “Puede que sea un disco bisagra que nos permita seguir abriendo el abanico”.
Canciones como Llamaré a tu puerta evocan al pasado y al futuro. “Es una versión de una banda de electrónica que ellos tuvieron. La letra es nueva, era la mejor manera de encontrar un pulso que no teníamos, algo más de baile. Por más marciano que nos pareciese al final nos la hemos llevado a un terreno dónde nos sentíamos identificados”, comenta Miguel Ángel.
La luz invade el restaurante mientras se escucha el trasiego de la camarera, bandeja y cafés con hielo en alto. A pesar de la hora, resulta inevitable pensar en la noche. El nuevo disco de Santero, sin duda es más nocturno de lo habitual. “Sí, pero no es una nocturnidad festiva. Hablamos de los silencios, de la magia de la noche”, comentan con seguridad. También de noche, al acostarse es el momento ideal para analizar muchas cosas. En gran medida, este cuarto disco de estudio de los valencianos supone una introspección.
Todo está cuidado al detalle. La portada muestra un coche entrando en la ciudad con una montaña nevada al fondo reflejando las luces de la ciudad y de la noche. El videoclip de Vamos a vernos, uno de los singles del álbum, transmite un ambiente minimalista con la banda tocando en el estudio bajo una luz azul oscura, casi eléctrica y reforzando esa sensación de ensoñación y tránsito hacia un imaginario nocturno.
“Quería huir de planos generales y decidí no hacer ninguno para que todo fuese un uno, una atmósfera envolvente que no sitúa bien”, comenta al respecto Josemán. Como curiosidad su video se inspira en el trabajo que hicieron The Waterboys al grabar el video de ‘The Whole of the Moon´.
“Teníamos la idea de la portada bastante desarrollada, y cuando vimos el cartel de la gira y decidimos el nombre del disco desestimamos la mitad de lo que teníamos compuesto porque no casaba con esa idea, ese clímax”, completa su hermano.
«Más que un disco para ser compartido es para la soledad elegida. Tú con él y él contigo y todas tus preguntas”
Esa portada y el título marcan el rumbo y defienden la idea de un giro de tuerca. Este trabajo se limita a nueve canciones porque quizás la décima no pegaba tanto en ese clímax. “Si es tu primero o segundo disco a lo mejor estás más atado y obligado al tener que tener un repertorio del que tirar para el directo. Cuando llevas cuatro ya no”, puntualiza Josemán. Más es menos. “Eso, es como a una paella. No le pongas pimientos”, comenta con ironía y sorna Miguel Ángel.
Las letras son delicadas, hablan, como en ‘Nada’, de relaciones rotas y necesidades de cambio e incluyen alegatos a la ciudad, la noche, la soledad, al encuentro con uno mismo. El conjunto resulta coherente tanto a nivel de sonido como de letras. “La verdad es que al final nos ha salido algo bastante temático. Más que un disco para ser compartido es para la soledad elegida. Tú con él y él contigo y todas tus preguntas”, comentan al respecto.
Todas las luces invita al recogimiento, a escoger tu propio estado de ánimo. Se trata de una obra de búsqueda, de estímulos, marcado por la devastación conyugal, pero ante todo nace de la pulsión por abandonar una rotonda ya conocida. Una necesidad de la que tomaron consciencia al final del proceso.
Un proceso marcado por el deseo de virar el rumbo a nivel de sonido y de atmósferas. “Apostamos desde el principio hacia dónde queríamos ir a nivel sonoro y decidimos producir desde el primer momento en esa dirección. Surgieron temas que no estaban apuntando hacia dónde queríamos y directamente los hemos descartado”, comenta con perspectiva Josemán.
Mientras recogemos los trastos, seguimos hablando de música, de referencias. “Desde siempre hemos creído en aquello de que eres lo que comes, eres lo que escuchas”, indican con humor.” “Una banda que me encanta es Bosco Rogers y a los tres nos gustan mucho grupos como Black Pumas. También es cierto que plataformas como Spotify te llevan a territorios a los que de otra forma no llegarías”, dice Soni mientras los tres afirman que es inevitable buscar referencias conocidas en lo que uno escucha. Todo va demasiado rápido y resulta efímero. Cuesta acordarse de nombres de bandas que uno admira y como bien dicen: “¡Vivimos en el mundo de la playlist”!
Sin embargo, Santero y Los Muchachos siguen a lo suyo, caminando al mismo paso, explorando nuevos territorios y rebuscando en el frasco de las viejas esencias.
A final del año volverán a la carretera, alumbrando las ciudades de nuestro territorio con emoción y puro sentimiento.