Bum Motion Club: Shoegaze que mira a los ojos
El guitarrista Alejandro Leiva nos habla sobre la gestación de su último trabajo y de sus ilusiones y expectativas en plena gira por salas
BEGOÑA L. RODI | Foto: Juanjo Martín
Con la expresión amable, el tono sereno y la ilusión intacta, Alejandro Leiva llega al Hard Rock de Madrid. Tiene la mirada transparente y le brillan los ojos. Parece contento, sonríe y casi pueden verse, revoloteando a su alrededor, las ideas y las distracciones que lo acompañan en el paseo desde su casa hasta el hall del hotel. El guitarrista y productor de Bum Motion Club se muestra pletórico y muy satisfecho con el resultado de Distracciones (Autoeditado, 2025): “Nos ha salido un disco redondo”. Reconoce que han “trabajado duro” aprovechando para atrincherarse en el estudio mientras la ciudad se vaciaba de gente huyendo de los rigores del verano madrileño: “Nos encerramos en el estudio todo el mes de agosto con comida, bebida y aire acondicionado… Fueron muchas horas allí metidos trabajando a tope, pero disfrutamos mucho del proceso”.
El fruto de aquel intenso encierro veraniego que vivió Leiva junto con el resto de la banda, Iris Banegas (bajo), Pablo Vera (guitarra y voz) Alberto Aguilera (teclados) y Pablo Salmerón (batería), se presentó el pasado 13 de noviembre en la Sala El Sol. En directo, la emoción del quinteto se palpa en el ambiente y en sus caras se adivina la certeza del trabajo bien hecho y la seguridad de estar haciendo lo correcto con las personas adecuadas: “Todos somos amigos y nos conocemos bien. Estamos en un buen momento vital y eso se transmite a nuestras canciones”, reconoce Leiva.
«Quizás el éxito sea llenar una sala de 200 personas en Badajoz»
El segundo disco de los de Aranjuez, tras su debut con Claridad y Laureles (Autoeditado, 2023), deja clara la devoción de sus componentes por el shoegaze, género que llega a España a principios de los 90 con Los Planetas, Automatics o La buena vida entre sus pioneros. Unas bandas que, rendidas a su densidad e hipnotismo ensoñador, pusieron en el mapa de los sonidos patrios las guitarras distorsionadas y llevaron al suelo de los escenarios toda una maraña de pedales en los que refugiarse y huir de la confrontación directa con las miradas del público. Leiva no puede evitar sonreír cuando habla de shoegaze. Lo tiene claro. Los cinco lo tienen muy claro: “El shoegaze está de moda y es un buen momento para hacerlo”. Se puede decir que el género y él estaban destinados a encontrarse, cuenta el guitarrista, que descubrió a la banda británica My Bloody Valentine por error mientras buscaba la película de terror del mismo nombre (George Mihalka, 1981): “Cuando reproduje el archivo y escuché aquel sonido, me voló la cabeza”.
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Leiva es productor del disco junto con Carlos Hernández (Carolina Durante, Los Planetas, etc.) y acompaña además a Rufus T. Firefly como parte del equipo técnico. Es una parte del oficio que forma parte de su ADN tanto o más que la de guitarrista. Conoce muy bien los entresijos y la artesanía en la labor de producción de un disco y reconoce que Carlos ha sido clave para ayudarles a “eliminar la paja” y a “cambiar aquello que no funcionaba”. Además del experto productor, cuentan con colaboraciones muy certeras como la de Repion en ‘La grieta (Una Casa)’ y las de artistas consolidados como Isa Cea de Triángulo de Amor Bizarro en ‘Pausa’ y Víctor Cabezuelo de Rufus T. Firefly, al que la banda considera su “padrino musical”.
Al plantearle futuros escenarios o hablar sobre expectativas, Leiva lo tiene muy claro: “No creemos que triunfar pase necesariamente por fichar por una multinacional. Quizás el éxito sea llenar una sala de 200 personas en Badajoz. Casi todos tenemos trabajos en la industria paralelos a la banda, pero estamos dispuestos a sacrificar tiempo libre y ocio con nuestra gente para dedicárselo a nuestro proyecto. Luchamos por hacer la música que queremos y creo que todos en el grupo sentimos esa pasión por igual”. Lejos del significado más banal u ocioso que pueda sugerir el título elegido, Distracciones, para Bum Motion Club representa “un refugio, una casa donde resguardarse y sentirse seguro”. A veces la vocación aparece de la manera más inesperada, un día cualquiera, por casualidad y en forma de distracción para convertirse en un refugio y en el verdadero hogar.