María Rodés, masterclass de erotomanía: «Se debería enseñar a amar»
La obsesión romántica, el despecho, brujas y erotomanía, el potente cóctel de ‘Lo que me pasa’, lo nuevo de la artista catalana
RAQUEL ELICES | Fotos: OLIVIA L.H.
Desde que sacó su último disco, María Rodés siente que se ha hecho una masterclass en esto del amor. Lo cierto es que charlar con ella se convierte en una suerte de terapia colectiva. Sobre todo, si la cosa queda entre mujeres. Ella reconoce que “somos muy romántico-céntricas”. Su último disco, Lo que me pasa (Elefant Records, 2025) explora este amor fou y sus fases. Un mapeo musical del romanticismo y de sus muchas mutaciones, de eso que “nos atraviesa a todos”, pero que es especialmente en nosotras en las que puede provocar el delirio de la erotomanía.
Esta palabra se ha repetido mucho en la promoción del disco. “Es un trastorno que, creo, hemos sufrido todas alguna vez y que tiene que ver con lo que nos han inculcado desde pequeñas: el enamoramiento como un objetivo central de nuestras vidas”. Una idea a la que la artista catalana comenzó a dar vueltas con su anterior disco, Lilith (2020), cuando descubrió la historia de Lidia, hija de la última bruja de Cadaqués, una mujer perdidamente enamorada de un hombre que no la correspondía, por el que se quedó esperando toda su vida. “Su historia es un espejo de las locuras que podemos hacer todos al estar enamorados”, algo en lo que quiso indagar más, explica.

Rodés reflexiona sobre esa idea central del amor que muchas han aprendido inconscientemente de las narrativas románticas, en la música, el cine y las películas Disney. “Cuando de mayores eso no se logra, supone un desengaño muy fuerte, tanto, que puede provocar esta crisis psicológica, pero no porque seamos unas locas o unas intensas, sino porque ha habido una presión social muy fuerte sobre ello”, explica.
Lo que me pasa es un viaje emocional sobre el hechizo romántico que a ella, como a tantas, hizo que confundiera el amor con la fe. “Lo que me pasa / es que sin ti / el mundo entero se derrumba y todo lo que fui / se desvanece”, dice en la canción que da título a su último trabajo. Explora y canta todas las fases de la experiencia romántica. Desde la Primera vez, a las devociones, los desengaños o el despecho, pero todas ellas, desde un punto luminoso y sin culpa.
«Hay que aprender a dejar de estar perdida en la mirada del otro»
Rodés echa la mirada a esa niña que fue, la que nos mira a los ojos en la portada de su disco. “Ahí tenía 12 años. No sabía que poner de portada y me topé con esta foto. Tenía una mirada muy nostálgica, con esa inocencia preadolescente de no saber aún qué es el amor romántico, pero estar totalmente colada por DiCaprio, Brad Pitt o algún otro ídolo del momento. Viviendo historias de amor sin necesidad de ser correspondida”, recuerda. “Es muy loco que esto empiece tan pronto. Que esté antes el amor que saber quién eres en realidad”, añade.

«Tras escuchar a Karol G empecé a probar el vocoder y el autotune. No me cierro a nada»
Quizá huyendo, precisamente, de esa idea “intensa” del romanticismo, la catalana se ha dejado llevar por todo tipo de ritmos y sonidos. Mezclándose entre los catorce temas que componen el disco texturas electrónicas, rumba, flamenco, reguetón (Hechizo) o la bachata (Pienso en ti). “En realidad siempre ha estado ahí. Es algo de mi carácter musical. Me aburro rápido y me gusta incorporar elementos que estimulen mi creatividad. Quizá la parte más novedosa sea la presencia del flamenco, aquí lo he explorado más”, comenta.
De hecho, la carrera de Rodés está plagada de exploración musical, ya desde su María canta copla (2014) o con sus versiones de Franco Battiato o Los Chunguitos. También juega con el autotune y el vocoder en temas como Te amé. «Fue a través de una canción de Karol G que se llama Amargura, cuando empecé a probar con el mundo de del vocoder y el autotune y me pareció muy divertido ese juego con la voz. No me cierro a nada», asegura.

Lo que me pasa es, además, un disco repleto de colaboraciones. Nueve de los temas del disco cuentan con la presencia de voces como la de Soleá Morente, La Bien Querida, Rosario La Tremendita o los sintes de Bronquio. Con él canta Chico bueno, donde dice eso de: “Te vi pasar / Con ese aire de chico bueno que no te va / Ahora ya sé / Que todo forma parte de un cuento, que no es verdad”.
De alguna manera, Lo que me pasa es para Rodés y para tantas (y tantos) que escucha una sesión de terapia hecha disco. Hacer las paces con aquella niña enamoradiza de 12 años. No se trata de desterrar el romanticismo, sino de aprender a amar, de esquivar las emociones efímeras, de que no te cuelen el cuento, de nuevo. «De dejar de estar perdida en la mirada del otro», añade.
Quizá, reflexiona la artista catalana, debería prevenirse del amor romántico más tóxico. «Me parece una idea genial, una asignatura para aprender sobre el amor. Algo así como prevención, salud mental en el tema del amor, alertar de ciertos tipos de patrones psicológicos que pueden ser dañinos», propone. Y mientras llega esa utopía, al menos nos queda la música y los conciertos de la gira de presentación de Lo que me pasa (Madrid, 20 de febrero y Barcelona, 25 de febrero) que, apunta a ser una gran catarsis colectiva del amor.