MUJERES, 20 años de un frenesí garagero: «No nos sentimos identificados con la industria musical actual»
El trío barcelonés cumple dos décadas con séptimo disco y este sábado recala en el Polifonik Sound
BEGOÑA LÓPEZ
En un mundo tecnologizado en el que cada vez cuesta más vivir experiencias trascendentales, escapar de métricas, algoritmos, fórmulas y el bombardeo constante de números y más números… Surge una rareza sentimental enloquecida en forma de trío garagero llamada Mujeres.
Arnau Sanz, Pol Rodellar y Yago Alcover no son nuevos en la escena, pero si únicos en su manera de llegar al público. Los catalanes han conseguido dar con la tecla del directo ideal hasta el punto de generar auténticos acólitos que, cual miembros de un culto, los siguen incondicionalmente sumando decenas de fechas a sus espaldas. Tal entrega tiene al menos algunos motivos explicables. Los otros sólo responden únicamente al corazón y a la emoción de quien los vive. Entre los que se pueden explicar, destacan las melodías luminosas y nostálgicas, los estribillos coreables, las performances espasmódicas y disparatadas y el humor, siempre el humor.

Es un dolor inexplicable (Sonido Muchacho 2026) es el séptimo disco de la banda y ofrece diez canciones “100% Mujeres”. En él han querido volver al formato de discos anteriores, como cuenta Yago (guitarra y voz): “Volver a esa fórmula que ya estaba en El club de los sentimientos y en Siento muerte, de disco corto de 30-35 minutos, fue una decisión súper consciente”. Los tres reconocen mantenerse fieles a su estilo y no tener una necesidad por arriesgar o innovar demasiado. Por eso, el octavo corte del disco, “Existen Heridas”, es una excepción, cuenta Pol: “Hay cositas nuevas en este disco que hace tiempo que hablamos y que queremos hacer y que nunca nos hemos atrevido. «Existen heridas» tiene una parte instrumental muy larga al final y eso es algo que hace mucho tiempo que queríamos hacer. Perder ese miedo de hacer una parte instrumental sin voces por ahí, sin estribillos…”.
“Siempre hemos sido un grupo de canciones, de buscar la canción. En este disco hemos vuelto a intentar que los diez temas del álbum sean merecedores de formar parte de un setlist, de no quedarnos con la impresión de que hay canciones de relleno. Tenemos una sensación muy de habernos vaciado”, explica Arnau (batería). Los tres se sienten muy orgullosos de formar parte de Sonido Muchacho, aunque en sus inicios sus planes de carrera pasaban por otros lares, cuenta Yago: “Nosotros siempre andábamos mirando a la industria extranjera y queriendo editar en un sello pequeño y quién nos iba a decir que acabaríamos con una disquera en Madrid, que además es como que ha marcado como un sonido… Era imposible para nosotros imaginarlo”.
Tras 20 años juntos, admiten haber pasado por los baches propios de la vida, pero reconocen haberse mantenido siempre unidos, disfrutando del presente y manteniendo muy viva la ilusión, explica Pol (Bajo): “Una de las cosas que creo que nos puede haber salvado como banda es que no nos pusimos objetivos de “mira, en 5 años queremos estar aquí». A nosotros si nos llaman de Alicante para tocar, pues vamos a disfrutar del momento presente de salir de fiesta por Alicante y tocar. Nunca tuvimos ambiciones como banda. No era un grupo de música, sino de amigos que tocaban, y no concebíamos tampoco una carrera ni nada. Era todo muy de ir construyendo el presente. Sí que había este sueño, pero casi una quimera de que nos editasen en Estados Unidos… y estuvimos a punto, pero tampoco nos marcamos pasos de cómo llegar hacia allí”.
Para la banda, todo lo que les sucede parece surgir de manera orgánica y sin planear demasiado. Sin embargo, para el lanzamiento de Es un dolor inexplicable han cuidado especialmente el proceso, con adelantos en formato físico, con una edición serigrafiada, manual y de tirada limitada distribuida por tiendas de discos seleccionadas de todo el país. Tal y como explica Arnau, “se trataba de reivindicar la idea del single más allá de los lanzamientos digitales, del hacerlo uno mismo, volver al barro, hacer las cosas con las propias manos y poner en valor las caras B”.
Para Pol, “la industria independiente y alternativa sigue estando ahí y es necesario reivindicarla, más en un momento en el que todo está basado en métricas”. “Ese dolor inexplicable que da nombre al disco tiene que ver con una incomodidad con ciertas dinámicas del mundo actual, y concretamente en la industria musical con la que no nos sentimos nada identificados. La obsesión por no parar de crecer, o hacer un sold out en dos días. Nos sentimos más cómodos en un ambiente menos orientado hacia la economía, sino más a escala humana. Defendemos una industria musical que respete ecosistemas pequeños y es hacia dónde queremos orientar el esfuerzo. No soñamos con un Movistar Arena”, añade el bajista.
Un pabellón con aforo para 15.000 personas no parece el lugar adecuado para disfrutar de la experiencia del directo de Mujeres con un público acostumbrado a la cercanía y a sentirse como en una quedada de colegas donde además resulta que hay tres que tocan y cantan. “Queremos que nuestros conciertos sean una especie de catarsis”, dice Pol. “La gente que nos sigue tiene experiencias vitales bastante poderosas asociadas a nuestra música. Tenemos muy claro que nuestro público fiel paga una entrada para encontrarse con eso que está esperando y queremos dárselo siempre. Es un directo que la gente realmente disfruta de pe a pa como una descarga de adrenalina brutal. Hay una emoción que transmitimos que no podemos explicar”.
Un directo de Mujeres es volver a encontrarse con el niño que uno fue. Ese que saltaba descalzo en las camas elásticas de la feria del pueblo a los 8 años. Es ese último baño en la playa en verano cuando ya casi se está yendo el sol de julio. Es volver a casa tras un fiestón, y ya en la comodidad de tu salón deshacerte de los zapatos y pinchar ese tema que te vuelve loco y que hace meses que no puedes sacarte de la cabeza ni de los pies. Un directo de Mujeres es, en definitiva, una gozadera a la que entregarse, en la que vaciarse y de la que salir más ligero y feliz que cuando se entró al bolo.