Skip James y la belleza de perder con dignidad del bluesman de Mississippi
Recuperamos The Complete 1931 Sessions, el canto inacabado de uno de los grandes bluesman
TONI BLÁZQUEZ JIMÉNEZ
Hay discos que no parecen grabados, sino rescatados. Como si alguien hubiera metido la mano en un pozo muy hondo y hubiese sacado un puñado de canciones cubiertas de polvo, pero intactas. The Complete 1931 Sessions (ORG Music, 2022) de Skip James es uno de esos hallazgos. Más que un álbum, es un testimonio arqueológico: 18 piezas que suenan a un mundo que ya había empezado a desaparecer incluso cuando fueron registradas.
Las voces son el espejo del alma y rara vez se pueden fingir. La de Skip James es una de ellas. Un falsete afilado, frágil, que parece temblar por miedo a romperse pero que al mismo tiempo, corta como el vidrio; el de uno de esos envases de un pasado de regulación seca, pero inundado de turbulencias. En 1931, en un estudio de Wisconsin, aquel joven de Bentonia la dejó grabada como quien encierra un mensaje en una botella y lo lanza al río Misisipi sin demasiada esperanza. Pasarían más de treinta años hasta que alguien lo encontrara. Para entonces, ya parecía la voz de un fantasma.
Escuchar este disco hoy es como prestar atención a alguien que no tuvo tiempo de contarlo todo. El blues siempre ha tenido algo de confesión tardía, de relato que llega después de que la vida te haya pasado por encima. En James, esa cualidad se hace abismo. Sus canciones están llenas de tragedias, pero no de naturaleza épica: son tragedias cercanas, tangibles, íntimas, de esas con las que empatizas y duelen más porque podrían ser nuestras. El blues no habla del final del mundo, habla del final de tu mundo. Y The Complete 1931 Sessions es justo eso: una hoja de ruta de desastres personales dibujada con precisión quirúrgica y pudor campesino.
‘Devil Got My Woman’, su composición más célebre, no es una canción sobre un ser demoniaco. Se trata de un tema sobre la inevitabilidad. Sobre ese momento en el que uno comprende que ya ha perdido algo o a alguien para siempre. Esa mezcla de despecho y resignación, traducida en la vibración de sus cuerdas, parece buscar aire entre las grietas del corazón, convirtiéndose en un pequeño ritual de duelo. El blues siempre ha entendido que el dolor se cura hablando de él. Y por supuesto, cantándolo.
De adentro hacia afuera para volver a escondernos.
En ‘Hard Time Killin’ Floor Blues’ la tragedia se vuelve más amplia, más social. La Gran Depresión estaba en todas partes, pero James la reduce a una habitación pequeña donde cuesta incluso respirar. Su voz apenas acaricia las palabras, como si contara algo que no quiere recordar demasiado. No hay épica, no hay queja, sólo la constatación de que a veces la vida se acota a un cuarto sin ventanas. E incluso ahí, alguien sigue cantando.
Escuchas al hombre justo antes de romperse
Pero quizás lo más conmovedor de este disco no es lo que dice, sino lo que sugiere. Lo que aporta a ese maravilloso legado del Delta del Misisipi. Skip James grabó estas canciones pensando que tal vez fueran las primeras notas de una larga carrera. No lo fueron. El mundo se derrumbó, las ventas fueron mínimas, y la vida lo llevó por caminos oscuros: pobreza, enfermedad y desaparición artística. Fue redescubierto en los sesenta por jóvenes ávidos de blues que no podían creer que aquel hombre todavía viviera. Cuando volvió a cantar, su voz había cambiado; la edad pesa, incluso cuando se viste de experiencia. En estas primeras grabaciones, los años aún no habían llegado: lo que hay es la premonición de ellos.
Por eso The Complete 1931 Sessions es tan estremecedor: porque escuchas al hombre justo antes de romperse. La tragedia del blues no siempre está en lo que cuenta, sino en lo que anticipa. Hay algo profético en la manera en que Skip James rasga la guitarra, en ese estilo de hipnotizar con su clásico Re menor abierto, en sus teclas con falta de método, en la forma en que alarga las sílabas como si quisiera detener el tiempo. Su música sabe que va a perder. Y aun así, lucha. Ese es el milagro y la magia del blues: la belleza de perder con dignidad.
Escuchar estas grabaciones hoy es como desempolvar un diario ajeno: no para invadirlo, sino para comprender que todo el mundo, en algún momento, ha sido ese hombre que cuenta en falsete mientras todo a su alrededor parece derrumbarse. Skip James convirtió su dolor en música y ésta en memoria. Y aquí sigue, casi un siglo después, recordándote que la tristeza, cuando se canta, se transforma.