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El diablo de shangái: un testamento para exprimir el presente

Hablamos con el conjunto barcelonés sobre Testamento, su nuevo trabajo

 

MARÍA CANET

Un testamento es una compilación de últimas voluntades. Un documento jurídico que dispone los bienes y asuntos de una persona fallecida, para asegurar una disposición conforme a su voluntad después de la muerte. Un trámite que, sin embargo, se hace en vida. Pensar en lo que se deja, a quién y cómo. Repartir los restos materiales que son la prueba material de una vida. Pero, ¿dónde queda lo vivido? ¿la huella intangible de los recuerdos, de las emociones? Con la nostalgia de quién se despide de la veintena, el diablo de shangái ha querido prensar esos recuerdos de infancia y primera juventud en Testamento (Candorro, 2026), su segundo elepé.

Tras debutar con 113 pasos adelante en el ensanche (Estudio Mazmorra, 2023), Juanito (voz), Víctor (bajo), Juana (guitarra), Albert (guitarra) e Iñaki (batería), se han alzado como una de las bandas más sugerentes del punk rock nacional, con afiladas guitarras y letras de calado generacional en la senda de La Paloma, Repion o EZEZEZ. Un potente envoltorio sonoro donde ironía y poesía sirven para atajar la frustración millenial que irrumpe cuando se alcanza la treintena: “hacerse mayor se va retrasando. Nuestros padres, por ejemplo, con 24 años estaban casados. Si te pones a comparar… lloras” comenta Iñaki. Aunque la juventud aún se pueda disfrutar y estirar –“eso le digo yo a mi madre”, comenta entre risas Juanito- ese paso de los veinte a los treinta vertebra los temas del segundo larga duración de los barceloneses: “pertenecen a un abanico de tiempo de dos años para acá. Hay canciones que nacieron hace años, mientras que, otros elementos, están hechos en el instante de la grabación. ‘Carrera de vainas’ u ‘On/Off’ son canciones un poco más antiguas, que quizás nos han guiado también a nivel de hacia dónde tenía que ir el disco y hacia dónde se movían las otras canciones”, explica Víctor.

Bajo la producción de Sergio Maschetzko (Black Country, New Road, black midi, The Last Dinner Party), la grabación ha sido un proceso “muy creativo. Nos dimos la libertad de poder escucharnos, y eso fue lo más interesante”, coinciden. Aseguran haber entrado al estudio “abiertos a lo que pedía la canción”, dispuestos a “destrozar” las maquetas: “el primer día, tocamos los temas para Sergio. Luego empezamos a hablar y hubo canciones como ‘Abulia’, que cambiaron completamente”, apunta Víctor. Su proceso creativo, apuntan, se ha mantenido intacto: “hay épocas de tocar y jamear mucho. De entendernos musicalmente. Alguien empieza a tocar algo y a ver qué pasa. Luego, eso se combina con un trabajo individual; cada uno va explorando sonidos. Sí que, por ejemplo, a nivel lírico, Juanito lleva el peso”, explica Juana. A lo que el vocalista añade: “en el local no consigo escribir nada, siempre lo traigo de casa. Es una escritura muy espontánea, de estar día a día constantemente pensando en frases sueltas, más que en ponerme a escribir”.

“Este disco es una reflexión vital sobre lo que has sido, quién has sido, y, de quién eres ahora”

Comouna carrera de relevos”, precisa Iñaki, Testamento refleja el abrupto aterrizaje de la generación millenial en la vida adulta. Una “una reflexión vital sobre lo que has sido, quién has sido, y, de quién eres ahora, en el momento en que lo escribes”, comenta Juana. Con menos referencias literarias que su predecesor, reconocen que es un trabajo “más nuestro. También coincidir todos es importante, cada uno con dificultades diferentes, con su proyección e interpretación de la canción que está tocando”, añaden Juana y Albert. La cara A destaca por ser más rápida, con temas más cortos, mientras la B otorga el protagonismo a la nostalgia, con composiciones más densas y largas; ese punto donde “todo se complica”, bromean.

El elepé arranca con ‘Tenía que valer la puta pena’, una canción que se quedó “huérfana” y que transformaron pieza instrumental de un minuto de duración para “ponerle un contexto al disco”, aclara Albert. El registro de Juanito va desde el grito de ‘On/Off’, al recital de ‘Editorial’ o el spoken word en ‘Tierra trágame’. Entre la rabia punk y la teatralidad, su voz se convierte en “un instrumento más. El registro que tiene es muy chulo cuando pasa de recitar a cantar. Lo hace conversar con el resto de instrumentos; a veces es la voz que los guía, otras, encuentra su sitio dentro de ellos, un poco al arrastre”, comentan Víctor y Albert. El cantante añade: “planteo las canciones nuevas en función de cómo me voy a relacionar luego con el público. Creo que es importante que exista esa conexión”.

La nostalgia aprieta en ‘Pisa fuerte’, un tema donde revisan la infancia y adolescencia mediante una sucesión de escenas cotidianas. Más que una sensación amarga, buscan revisar “qué papel tiene ese pasado en el presente. Cómo una amistad que, quizás ahora parece insignificante, puede repercutir en ti hoy en día, y en la persona eres hoy a raíz de eso”, narra Albert. También, señalan, “hay mucha mercantilización de la nostalgia hoy en día. Giras de retorno de Oasis y tal. Si eres consciente del espacio que ocupa esa nostalgia, y no se acaba comiendo otras cosas que son más importantes, puede ser interesante. El problema es obsesionarte con situaciones del pasado que no se pueden replicar”, concluye Iñaki. Cortes como la potente ‘Sistema unitario’, reivindican la importancia del momento presente.

Otra de las grandes encrucijadas de su generación, la dificultad de mantener relaciones estables, “ya sea con la pareja, los amigos o la familia, y de esas oportunidades perdidas”, late en ‘Todo y más’, con una estructura clásica de blues: “la batería es un shuffle, que es lo más clásico que hay a la hora de tocar, totalmente inspirado en Bernard Purdie, uno de los grandes baterías de blues”, añade Iñaki. Las obsesiones y el olvido salen a relucir en ‘Dinero’ («pronto el olvido sucederá a la obsesión«): “tendemos a embuclarnos mucho, cada vez más. Al final un enfado es una obsesión, una ira que te lleva a pensar constantemente en eso. El olvido te ayuda, en el fondo ayuda a liberarte. Así que, Jarabe de tiempo”, sentencia Iñaki entre risas.

“El rock y el punk tienen el poder de tocar una fibra muy específica a través del volumen y de la energía que otras músicas no alcanzan»

No sólo hay reflexión, también buscan interpelar, sacudir y hacer reflexionar al oyente, empujar a la acción, algo que logran, además de con las letras (“si esta no es la persona que quieres ser/ prueba a apagarte y volverte a encender” de ‘On/Off’ o el “¿crees que estamos protegidos de los derribos? ¿crees que estamos a cubierto o sólo es mar abierto?” de ‘Editorial’) con un sonido crudo, sin apenas aditivos, especialmente en cortes como ‘Sistema unitario’.  “El rock y el punk tienen el poder de tocar una fibra muy específica a través del volumen y de la energía que otras músicas no alcanzan. Si eso lo acompañas de un mensaje interesante…”, menciona Víctor. Aunque, a nivel sonoro, su lenguaje sea el punk rock, hay incursiones en el pop como la etérea ‘Testamento’, ‘Dinero’, donde exploran con sintetizadores, o en el jazz en cortes como ‘Abulia’, género que les es más que familiar: “yo he hecho carrera de música clásica, he tocado violín desde los tres años. Iñaki ha hecho carrera de batería jazz, Juan ha tocado mucho jazz también… Al final, lo de poder tener un abanico diferente de técnicas y formación en diferentes estilos, te da más herramientas de expresarte, es un lenguaje. Y a la hora de tocar rock, si tú sabes otros lenguajes y sabes otros estilos, te puedes expresar de otra manera mucho mejor”, apunta Albert. Los crescendos son marca de la casa en cuanto a melodías, un constante tira y afloja que, realmente, bebe de la pintura: “la principal referencia eran los claroscuros de Caravaggio. Cuando tenga que sonar fuerte, que suene muy fuerte. Cuando tenga que sonar bajo, que suene muy bajito”, confiesa Juanito.

‘Tierra trágame’, se erige como verdadero testamento final. Un tema que, Juanito, reconoce, “si me preguntas de quién o de qué va, no tengo ni idea”, admite entre risas. “Creo que es el resumen de todo. Es como un último viaje personal, porque ya has como resuelto casi todo y lo último que te queda es qué haces contigo”, apunta el resto de la banda.  Entre la despedida de una etapa y el difícil comienzo de la siguiente, el Testamento de el diablo de shangái pasa por exprimir ese presente que, en breve, será nostalgia.

 

PRÓXIMOS CONCIERTOS 

18/04, PIZARRA (FESTIVAL AL ANDALUS) 

24/04, MADRID (EL SOL)

25/04, GRANADA (PLANTA BAJA)

30/04, BARCELONA (SALA UPLOAD) 

01/05, OVIEDO (KUIVI ALMACENES)

02/05, LUGO (HO! GRUF)  vermú

02/05, VIGO (SALA DOPPLER)

03/05, LEÓN (TBD)

22/05, ZARAGOZA (SALA LÓPEZ)