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Lagartija Nick desgrana ‘Eternamente vivos’: «Estamos ante un punki de urgencia, de lo más raro y místico»

Antonio Arias y su banda testimonian, en un contundente directo, 35 años de carrera artística

 

MIGUEL F. BAUTISTA

La escena musical granadina conforma un reducto cultural y artístico único alumbrado entre los barrios del Sacromonte y el Albaicín, a los pies de la Alhambra. La incomparable vista del monumento frente a la colina de la Sabika ha alimentado durante décadas la mística y el espíritu de los creadores locales.

Desde los tablaos flamencos a la calle Elvira, el Eshavira y su escenario flanqueado por imágenes de los grandes del jazz hasta la Carrera del Darro y el Paseo de los Tristes y desde los locales de ensayo de Las Cuevas hasta la sala Planta Baja y la placeta Joe Strummer, la escena nazarí representa ese pequeño poblado galo resistente a las hordas romanas, representadas por la vacuidad del panorama musical en el siglo XXI.

Uno de los máximos exponentes musicales de esta escena es la banda Lagartija Nick, formada en 1990 por su bajista y cantante Antonio Arias (Granada, 1965), que cumple treinta y cinco años de una carrera artística creativa y honesta, forjada al margen de las presiones comerciales.  

 

El pasado día veintiséis de abril, sobre el escenario del Teatro Isidro Máiquez, Lagartija Nick descargaron un repertorio de treinta canciones del que han extraído doce cortes para su primera publicación en directo “Eternamente en Vivo” (Montgrí, 2025). Según confiesa Antonio, los temas se escogieron “atendiendo al concepto punki de urgencia, a lo más raro y místico de nuestro repertorio y al espíritu de nuestros inspiradores como mi hermano Jesús representado en ‘Agonía, Agonía’ y Morente en ‘Niña ahogada en el pozo’.

“¡Coño, lo teníamos que haber grabado!”, exclamó Antonio al comprobar lo bien que sonaba la banda en su reciente gira: “Veníamos de dos trabajos conceptuales muy elaborados en cuanto a producción. La gira supuso una liberación de todo eso. Esa noche entraban todas las marchas, lo noté al atacar el verso de “bajo el cielo sigue el signo” de ‘Lo Imprevisto’. Los que estuvieran allí y grabaran con los móviles pueden comparar y ver que suena exactamente igual”.

El resultado es un disco que equilibra sus clásicos más representativos en los noventa, ‘Nuevo Harlem’ o ‘Hipnosis’ con otros escritos en las dos primeras décadas del siglo XXI: ‘Lo Imprevisto’ o ’20 versiones’. Su portada, diseñada por la firma Realmente Bravo, representa “un concepto dadaísta y surrealista, una traslación de lo consciente a algo intangible y etéreo”.

Sobre el escenario, dos conceptos fundacionales e innegociables: poesía y punk: “Sí, ahí hay un reconocimiento a mi hermano Jesús con su banda TNT y su primer disco “Manifiesto Gernika” (1983), donde Lorca ya estaba presente, así como el espíritu de bandas como KGB o Los Niñatos, no dejar nunca el camino de lo poético y lo punk que definió nuestros inicios: la pureza, la urgencia, darlo todo y esa poética de Rimbaud, todo eso está en el disco junto con el recuerdo a nuestros referentes”.

Hablando de “nuestros referentes”: Creció con su hermano Jesús Arias, músico y periodista, pionero del movimiento punk en España, trabajó con Joe Strummer y bajo la influencia de Lorca y Leonard Cohen creó con Enrique Morente un disco que sobrevivirá a la humanidad: Omega (1996). En el escenario, de todos ellos le acompañan “la pureza, la intuición y la inocencia, lo que te lleva a cohabitar dos espacios, el del trance inducido por todos estos referentes culturales y el espacio físico de comunicación con los músicos”.

La filosofía de evolución de Lagartija Nick es singular: “Elegimos el camino del bosque negro y las sombras para adentrarnos la creación de un universo propio y, al final, ha resultado una iluminación en la que todos somos bendecidos, alcanzando el paraíso en forma de reconocimiento de los genios más cercanos. Cuando triunfas con un disco como Omega, tocas en sitios increíbles pero luego está el submundo del underground, que hay que cuidarlo siempre, son las bases del partido, las bacterias que alimentan nuestro kéfir”.

Su inquietud le lleva a sumergirse en otros proyectos. Actualmente aplicado al aprendizaje del Gmbri, instrumento tradicional marroquí propio de la música Gnawa, repertorio de antiguas canciones y ritmos religiosos espirituales, islámicos y africanos, “para sumergirme en nuevas formas y buscar el origen de la música. Al final, todo repercute en Lagartija, porque ahí está el reto de intentar llevar otras músicas a la tuya propia”.

A principio de los noventa, Antonio Arias abandonó unos 091 en pleno éxito y formó Lagartija Nick. Con ellos creó discos fundamentales para la evolución del rock y el punk en España: “Hipnosis” (1991), “Inercia” (1992) y “Su” (1995) sentaron las bases de un estilo arrollador en sus guitarras, poético en sus letras y en constante evolución. No vinieron a copiar las formas y el discurso ya establecido sino que quisieron crear algo completamente distinto, “intentando aportar música al mundo desde otra perspectiva”. 

Lorca definió Granada como un “paraíso cerrado para muchos” por su carácter íntimo y recatado que, por momentos, explica la estética de sus artistas más representativos. Probablemente, sea el caso de Lagartija Nick que, 35 años después y desde su Granada natal, han consolidado su propio universo que perdurará más allá de nuestra propia existencia, siempre con el beneplácito de los más grandes genios culturales contemporáneos.