Sanguijuelas del Guadiana, la banda que viene a recordarnos que todos somos de pueblo
Apunta porque el suyo va a ser uno de los discos del año, tres jóvenes extremeños con un debut sorprendente
RAQUEL ELICES | Fotos: OLIVIA LH
Las declaraciones más genuinas de una entrevista siempre ocurren off the record, justo cuando apagas la grabadora, pero a veces a una se le olvida dar al pause y logras capturar la esencia en una frase inesperada y suelta. Y entonces dicen: «Lo que más nos ha emocionado, de todo lo que nos está pasando, fue escuchar a la charanga de nuestro pueblo tocar 100 amapolas«. La canción, incluida en su primer álbum, Revolá, se ha convertido en poco tiempo en un himno que pone voz a todos los que vienen del pueblo, es decir, a todos.
El de Carlos (guitarra y voz), Juan (teclados y voz) y Víctor (bajo), los tres integrantes de esta banda que comienza a estar en boca de todos, es Casas de Don Pedro, una pequeña localidad de Badajoz de poco más de mil habitantes, en plena Siberia extremeña, donde los inviernos son largos y los veranos traen charangas que suenan a amapolas y jotas. Allí nació algo más que una banda: nació un gesto de afirmación. Desde allí, estos tres chavales decidieron que su historia, su acento y sus calles merecían sonar en los altavoces del país y lo hicieron desde donde comienza la música para muchos de los que viven en pueblos como este.

“Empezamos nuestro primer contacto con la música en la banda municipal del pueblo”, recuerda Víctor. “Yo tendría nueve años, tú tendrías ocho… desde el primer día nos apuntamos”, añade mirando a Juan. Aquellas bandas de metales humildes y clarinetes prestados fueron su primer conservatorio, el ensayo general de una pasión que se colaría por las rendijas de una guitarra que terminaría «barruntando» (palabra extremeña que reivindicarán sus acólitos) un proyecto en el que se mezcla lo rural y lo contemporáneo, tomando referencias como Estopa, Los chunguitos o Tame Impala, pero con olor a jara y romero.
Para ellos, llegar a la música no fue ni cálculo ni estrategia. El salto de la banda municipal a formar un grupo de música propio les llegó como una epifanía, cuando sobre el escenario del teatro romano de Mérida, en septiembre de 2021, Juan y Carlos vieron aparecer a Robe. «Se nos fue la olla. Yo no tocaba ni la guitarra, pero al día siguiente, pille la que tenía mi hermana en casa y no paramos de tocar en días. Faltábamos a clase y empecé a hacer canciones«, cuenta Juan.
Por entonces, Juan y Carlos vivían en Madrid y empezaron tocando en bares y terrazas. “Estábamos tocando y alguien preguntó cómo nos llamábamos”, recuerda Víctor. “No sé qué se me pasó por la cabeza, y solté: Sanguijuelas del Guadiana… Nos miramos los tres y dijimos: pues claro” Un nombre que suena a río traicionero y a infancia mojada, a peligro y verdad.
«La gente está orgullosa. Dicen: ‘Estos son de mi pueblo»
Pero fue Jorge González, productor y miembro de Vetusta Morla, quien les ayudó a darle forma a esa intuición. El batería de mítica banda indie lleva años produciendo grupos emergentes bajo su sello Infarto. Por eso, cuando andaba veraneando en su casa de Extremadura, en un pueblo no muy lejos de Don Pedro, alguien le insistió en que escuchase a tres chavales que «tenían algo diferente». Los sanguijuegas, por entonces, no habían oído hablar de él y Vetusta Morla les sonaba de pasada, así su match fue aún más genuino.
De entrada, el madrileño fue directo con ellos: “Jorge nos preguntó: pero a ver, ¿os queréis dedicar a esto?’”. Y lo que parecía un capricho de tres amigos de pueblo se convirtió en un proyecto serio. “Nos abrió la mente”, dicen los tres. “Nos centró”. Y les dio la clave de su debut: tenían que grabarlo desde su pueblo, nada de irse a Madrid. Revolá nació en una casa perdida entre campos, en la tierra de donde nunca se fueron del todo. “Nos encerramos un verano entero. Nos volvimos locos. Revolá contaba nuestra vida entera”, explica Juan.
«Si llegan más cosas, será desde Don Pedro. Siempre»
Dividido en cuatro capítulos, escuchando el disco, viajas en el tiempo de su infancia y en el espacio, el de todas las calles que han pisado de su pueblo. “Jaribe es la niñez, los veranos despreocupados. Luego viene Barrunte, cuando empiezas a darle vueltas a todo y ves que la gente se va. La tercera parte habla de ese ir y venir constante: vivir fuera, volver al pueblo el finde. Y Revolá es la vuelta definitiva, el dar sentido a todo”. Precisamente, en ese tema, suena la voz de Elena Romero, una cantaora extremeña que conecta con sus raíces. No es una pose. Es su vida. “Lo que contamos lo hemos vivido. No queremos cambiar nada, solo contar la realidad”, dice Carlos. “Nos dicen que reivindicamos lo rural, pero en realidad solo estamos contando lo nuestro, lo bueno y lo malo. Como cualquiera”.
Atravesando todo el disco, el amor por los suyos, por su familia, su tierra y su gente. Arraigo, rebeldía y nostalgia de quienes también probaron eso de tener que marcharse a la capital para prosperar y tuvieron que dejar cosas atrás. Para ellos, esa es la clave de haber conectado con tanta gente. “Porque en este país casi nadie vive donde nació”, reflexiona Carlos. Y como cantan en la canción que da nombre al disco: “Todo el mundo tiene un pueblo del que volver los domingos”.
Desde Don Pedro, su música está empezando a sonar por toda España, gracias a los conciertos organizados por Girando por salas, en la gira Verbena en vena. Cerca de 30 fechas, entre las que se incluyen festivales como el Río Babel, por el que pasarán el próximo 5 de julio, o el Sonorama, en Aranda de Duero. Un tour nacional con una proyección que, de momento, les llevará hasta su primera Riviera de Madrid, para la que ya tiene fecha el 8 de Mayo de 2026, pero que, aseguran, no les hará olvidar de donde vienen. “Volvemos al pueblo y hacemos lo mismo de siempre. Somos los de siempre”. Ni fama ni postureo. Ni estrategia de marca.“Es que si haces un disco que habla de volver al pueblo, no puedes vivir en Carabanchel. Tienes que ser coherente”, dice Víctor.

Al igual que ocurre en las charangas y las verbenas que han sido su escuela, el público de Sanguijuelas del Guadiana, gusta del niño al abuelo. En sus conciertos, en los que los tres toman el micro para cantar -“como los Chichos, los Chunguitos. Nos gusta eso, estar los tres al frente. Nos representa”- se puede ver gente de todas las edades. Sus primeros fans, sus vecinos y amigos, por supuesto. «La verdad es que todo el mundo está loco con la banda. “Hicimos un videoclip y se peleaban por salir”, se ríen. “La gente está orgullosa. Dicen: ‘Estos son de mi pueblo’”.
¿Qué queda por venir? “No lo sabemos. Pero si llega más, será desde Don Pedro. Siempre” (no la promo que, como ya están comprobando, aún pasa por Madrid). ¿Y si toca elegir con quién tomarse una caña?: “La semana pasada habría dicho Estopa… pero como ya la hemos tomado, ahora te diríamos que con Robe”. Y quién sabe. Quizá ya les ha escuchado. Quizá ya entiende que en el Guadiana, entre juncos y charangas, también hay una revolución cantada por sus paisanos del Guadiana.

