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Medalla: liberando a la bestia metálica

El nuevo disco de los barceloneses es un arrollador combo de metal, punk, psicodelia y antifascismo

 

ANTONIO GOMARIZ

Si bien el libro No sonamos mal (Muzikalia, 2024) funcionaba como un excelente retrato en forma de crónica oral de una nueva generación de bandas que devolvieron el fervor por los grupos electrificados y ruidosos a la primera línea, al mismo tiempo evidenciaba que la etiqueta de indie de guitarras, su vocación generacional y su enraizamiento madrileño dejaba “un poco fuera” a alguna de las bandas citadas en el mismo. Una de esas voces discordantes es la de Medalla. “Esa escena se caracteriza mucho por hacer canciones con una vocación generacional y a mí me da mucha pereza. Además, siento que esto siempre ha estado muy ligado a una escena madrileña y creo que nosotros no tenemos mucho que ver. Sentimos que vamos por otro lado”, nos cuenta Eric Sueiro, vocalista y guitarrista de la formación barcelonesa. Sueiro comparte las primeras páginas del citado libro con otros caballos de Troya del heavy metal en la escena indie de guitarras –Barbosa de Alcalá Norte y Nuno Pico de Grande Amore-, que, leídas en retrospectiva, se antojaban premonitorias de Música Máquina (Estudio Mazmorra, 2025), el nuevo disco con el que Medalla regresa a sus orígenes “de una forma más bestia”.

Aunque tras casi una década de trayectoria y cuatro discos previos en su haber en los que “había indicios y un preámbulo importante” de las afinidades musicales de Medalla y, pese a que Música Máquina sea un salto al oscuro abismo del metal más explícito que nunca, esté repleto de “guiños” y de “un profundo respeto al género”, Sueiro se rebela contra los corsés atribuidos a cualquier etiqueta: “No hemos hecho un disco de metal al uso, sino que es una mirada muy personal a como sentimos nosotros el metal. En su momento, me alejé de esa escena porque me sentía encerrado creativamente y no busco replicar fórmulas. Ahora, como persona que hace música en 2025, tengo más inquietudes, quiero investigar otras cosas y no ser conformista”.

El eclecticismo y el acercamiento tan personal al género metálico queda patente en el empleo de recursos como “un sonido de bajo muy presente y con momentos muy melódicos, que no es nada habitual en el metal” y, sobre todo, en el discurso político como elemento vehicular del álbum. “El discurso político del disco es primordial y tengo la sensación de que eso no es algo que esté precisamente en boga en el metal, sobre todo en el moderno…”, afirma Sueiro. “De hecho, hay muchas bandas de metal cercanas al neofascismo o directamente nazis. A nosotros nos gusta el metal, nos gusta el punk, nos gusta la psicodelia y somos antifascistas”.

“No hemos hecho un disco de metal al uso, sino que es una mirada muy personal a cómo sentimos nosotros el metal»

A pesar de tener un armazón forjado a fuego por referencias medievales marca de la casa y un concepto artístico -obra del director de arte Tumulus Design– inspirado en mundos de fantasía como los de los videojuegos Oblivion o Dark Souls, Música Máquina posee el corazón de una bestia furiosa con el mundo que le rodea; nuestro mundo, real y actual. Los rugidos de esta bestia nos abrasan en forma de frases como “Contra el fascismo, satanismo”, “El nombre del obrero será vengado 7 veces”, “Para sorpresa de nadie, seguimos siendo pobres”, “Siempre vas a estar en manos del yugo del opresor”, “Hemos normado estar esclavizados” o “El fascismo sale a flote cuando asoman las miserias”. Musicalmente, la bestia arranca “como una estampida de caballos” con el combo ‘Penitencia’ I + ‘Sacrilegio’ -en un claro homenaje al ‘The Hellion’ + ‘Electric Eye’ de Judas Priest– que desatan 35 minutos de máxima intensidad espoleada por cortes como Amigo Mercado, con la colaboración de Bala. El contrapunto acústico con toques folk y tribales lo aportan Salmo de la ‘Vigilia’ y ‘Penitencia II’, interpretadas junto a Falç de Fetillera.

Fieles a una trayectoria marcada por la autogestión, la libertad creativa, la transparencia y la honestidad, en el seno de Medalla no se concibe el riesgo que pudiera suponer sonar demasiado heavies para el indie y demasiado indies para el heavy, ni el hecho de hacer bandera de un mensaje político incómodo, sino que se convive con naturalidad con “no encajar en todos los sitios”. En palabras del propio Eric Sueiro: “La música que está de moda y que copa los festivales suele ser música que no molesta. Es una escena que se nutre de mucha subvención pública y que no quiere problemas a nivel político. Pero yo creo que hay hueco para todas las propuestas y que, en el momento histórico que estamos viviendo, es necesario hablar de política de una forma cercana”. Lejos de cerrarles ninguna puerta, Sueiro ve como ante ellos se abre un nuevo camino hacia “una escena de gente que escucha rock duro, metal y punk que tiene cierta sensación de que se necesita un relevo generacional”. Si existe un hueco imaginario y difuso entre Carolina Durante, Iron Maiden y Megadeth, Música Máquina es la apuesta definitiva de Medalla para ocuparlo.